DIOS
©Prentice Mulford
Un
supremo poder y una suprema sabiduría gobiernan el Universo. La suprema
inteligencia es inconmensurable y llena el espacio infinito. La sabiduría, la
inteligencia y el poder supremos están en todas las cosas, lo mismo en el átomo
invisible que en el mayor de los astros.
El
supremo poder y la suprema sabiduría existen también fuera de todas las cosas.
La suprema inteligencia existe en todos y en cada uno de los átomos de la tierra,
de las aguas, de las plantas, de los animales, del hombre y de la mujer. La suprema
sabiduría no puede ser enteramente comprendida por el hombre, aunque recibirá
siempre con alegría profunda las vislumbres de la luz y de la inteligencia
supremas, que le permitirán trabajar en su felicidad final, aunque sin comprender
jamás todo su misterio.
El
supremo poder nos gobierna y nos rige, como gobierna y rige a los soles e infinitos
sistemas de mundos que ruedan en el espacio. Cuanto más profundamente
conozcamos esta sublime e inagotable sabiduría, mejor aprenderemos a conocer y
aprovechar lo que esta sabiduría ha puesto en nosotros, constituyendo una parte
de nosotros mismos, para de este modo hacernos perfectibles. Este medio de
mejorar perennemente nuestra salud lo posee, siempre de un modo progresivo,
todo lo que existe, estableciendo como una gradual transición entre un más
elevado estado de existencia y el desenvolvimiento de poderes que de ninguna
manera podemos realizar aquí.
Nosotros
somos, sin embargo, el límite puesto entre varias partes y expresiones del
supremo e infinito Todo. El destino de cuanto existe en el tiempo es ver su
propia relación con lo Supremo, y saber descubrir también que el recto y
estrecho sendero que conduce a la perpetua e increada felicidad no es más que
una plena confianza y dependencia con lo Supremo, estableciendo así la total
armonía de la sapiencia que no puede haber tenido origen en nuestra pobre personalidad.
Estemos llenos de fe en lo que hemos de pedir ahora y todos los días, para que
esta fe nos haga comprender y nos haga creer que todo lo que existe son partes
del Infinito espíritu de Dios, que todas las cosas son buenas porque Dios está
en ellas, y finalmente que todo aquello que reconocemos como formando parte de
Dios existe y obra necesariamente para nuestro bien.

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